martes, 22 de octubre de 2019

Educación y tecnología para educar en la paz

Para superar los traumas que la guerra civil de El Salvador causó en los hombres y mujeres hace tres décadas, directores de centros públicos y privados, docentes, psicólogos, artistas, científicos y literatos están poniendo su compromiso, sus conocimientos y ejemplos de vida para que las nuevas generaciones no revivan aquella tragedia ni tampoco caigan en las redes de la violencia fruto de la falta de oportunidades.

¿Qué se está haciendo desde 1998 en El Salvador para ello?

El Director del Centro Padre Arrupe en Soyapango, el dramaturgo Santiago Nogales, coordina el Plan Integral de educación y tecnología para menores que realizan desde 1998. Ese programa afirma Nogales “implica que todos pasan por la clase de teatro, plástica y música. Nuestros niños al estar en contacto con las maras sufren el riesgo de caer en esas pandillas. La experiencia demuestra que nuestro programa artístico previene estas cosas porque las Artes fomentan la ciudadanía y la cultura de paz”.

Dos décadas permiten valorar con serenidad los avances logrados y los retos pendientes. El informe de los investigadores encabezados por José Miguel Cruz muestra que el estigma de la criminalización y de no aplicarse un auténtico sistema de rehabilitación de los pandilleros, explica en parte la vigencia de las maras.

Con el Plan Integral Educativo coordinado desde el Colegio Padre Arrupe se están ofreciendo alternativas a niños y adolescentes para que no caigan en la violencia. Se les cultiva en métodos y actividades que despiertan su inteligencia, sensibilidad y espíritu hacia las Artes en todas sus disciplinas, como atestigua Nogales “los rectores y universidades confirman que nuestros jóvenes, cuando llegan a la universidad, han sido formados con las habilidades, competencias y destrezas que les permiten brillar allí. Cada vez hay más antiguos estudiantes que ya son padres y madres, que visitan el Centro Cultural de España, van al cine o a una exposición. Esto supone un cambio radical frente a los hábitos culturales del salvadoreño medio porque durante la guerra los hábitos culturales se perdieron y sólo participaban de ella las elites políticas, económicas y académicas”.

Ahí radica una de las claves para que a diario esos menores practiquen el respeto al diferente y convivan de forma pacífica y sana. 

¿Cómo se ha creado ese oasis pacífico? 

Nogales da una clave: “desde hace 7 años compartimos nuestras mejores prácticas con las escuelas públicas de nuestro distrito educativo, generando así pequeños oasis de convivencia. Damos formación voluntaria y gratuita a los profesores de esas escuelas para que puedan replicarlas en otras zonas del país e irse conectando en red”.

No solo la Fundación Padre Arrupe practica planes de inclusión social sustentados en una cultura de paz y artística. Las iglesias evangélicas llevan tiempo practicando acciones para reinsertar a las personas que cayeron en las redes de la violencia, como refleja el estudio del equipo de Cruz, o los logros de la nueva generación de artistas, literatos y científicos salvadoreños. Ahora es necesario que esos frutos y semillas se expandan y arraiguen en otras zonas del país, para lo que Nogales pide la colaboración de “los medios de comunicación internacionales y españoles divulgando esas realidades.

aula informática educación y tecnología

Hay decenas de jóvenes compañías teatrales. Falta el tejido cultural donde mostrar el producto, salvo un par de espacios culturales. La red de Casas Municipales de la Cultura puede funcionar mucho mejor. Tenemos a antiguos alumnos trabajando en la Agencia Española de Cooperación en temas culturales. O al novelista Jorge Galán, premio Adonais, y galardonado por la RAE. Galán se quedó impresionado de la capacidad crítica que le mostraron nuestros jóvenes en una tertulia tras leer su novela, y de la comprensión que tienen del hecho artístico”.  

Nogales coincide con las propuestas del Informe liderado por Cruz “se necesitan ayudas para replicar esos programas en todos los departamentos del país  -equivalentes a las provincias españolas-. Y que los jóvenes sean agentes de paz en sus casas, pueblos y ciudades. Estas semillas darán frutos en dos generaciones”.

Si figuras como el brasileño Carlinhos Brown o el colombiano Juanes se han hecho célebres por defender la igualdad de oportunidades para los menores excluidos, Nogales reivindica a la nueva generación de artistas y literatos salvadoreños comprometidos con estas causas como “Opus 503 que estará en la Casa de las Américas en Madrid. O con la asistencia de los más jóvenes en el Festival Hispano Salvadoreño de Teatro, donde viene el famoso dramaturgo José Sanchis. Dos compañías salvadoreñas estarán en el Festival Iberoamericano de Cádiz. Esto no ocurría hace veintitantos años. O la dramaturga Jorgelina Cerritos acaba de pasar por Madrid y está en Italia. Jorge va al Reino Unido porque le editan Noviembre en inglés, luego va a Moscú. Hay compañías como Moby Dick y otras que están participando en festivales teatrales iberoamericanos. Y Horacio Castellanos Moya, que forma parte de la cartera de Tusquets y de Random House Mondadori.” 

Nuevas motivaciones

Desde las aulas de Soyapango y del resto de escuelas e institutos del país donde se imparte este programa que acerca a diario las Artes y las Ciencias a las nuevas generaciones, se les está despertando vocaciones, dando referentes humanos con valores cívicos democráticos y transmitiendo nuevos hábitos de vida a sus familiares y entornos más cercanos. Estudian como se hacía hasta finales del s. XVIII: con el método de las escuelas al revés, las clases se convierten en talleres. 

Las semillas que sembraron con sus vidas Ellacuría y los asesinados en 1989 no han caído en tierras muertas, han germinado fomentando la paz. Como rememora Nogales “el asesinato de los jesuitas durante la guerra salvadoreña obligó a las dos facciones a sentarse. Aquellos jesuitas eran personas que ya estaban haciendo cultura de paz, que decían que hay que sentarse y dialogar, y terminar con aquella sangría. Europa nos ha demostrado que se puede hacer a través de las artes”.

Y es que las artes permiten a la persona dialogar consigo misma, y fomentar la escucha. La libera de los prejuicios y de los dogmas sin fundamento. Eso le abre a escuchar al que siente y piensa diferente. Y se discute desde el respeto. Eso lo vivió hace unos días el novelista Jorge Galán cuando departió con jóvenes delincuentes encarcelados acerca de Noviembre. Lo rememora emocionado Nogales “-me decía-, Santiago, son niños a los que se les están concediendo muy pocas oportunidades’ y el sistema penitenciario salvadoreño, como el español, se supone que trabaja para la rehabilitación”. Nogales remacha su reflexión mostrando la regeneración que las artes ofrecen a cualquier persona “un niño afectado por la violencia cuando pinta, hace teatro, o escribe un relato, la violencia aparece y también la organización para la que trabaja. Y si eso lo demonizas, hay escasa posibilidad de que haya un proceso de resignificación. Hemos escuchado muy poco o nada a esos niños y niñas. Hay líderes pandilleros que tienen decenios de vida, pero la infantería son niños”. 

Santiago Nogales

La libertad religiosa es otro rasgo de este programa educativo en los centros educativos jesuitas en El Salvador y en las escuelas e institutos públicos, como atestigua Nogales “estudian niños católicos, protestantes, hijos de leístas, hijos de ateos. No le cerramos la puerta a nadie. Cuando trabajas en una comunidad tienes que tener en cuenta a todos, también al concejal de cultura o al de educación y tecnología. Eso sí, no trabajamos con templos fundamentalistas y excluyentes -quiero ser claro-”. 

Y sintetiza los programas que están llevando a cabo “trabajamos muchísimo el compañerismo; la educación no sexista dirigida a evitar la discriminación. El Salvador es un país donde la violencia de género y la discriminación por género son atroces. En nuestra institución está erradicado gracias a este trabajo.

Aplicamos una metodología activa y participativa para construir un modelo de comunicación democrático basado en la participación entre estudiantes y profesores. Y con un currículo vivo y flexible. Agradecemos la ayuda del Ministerio de Educación de España, somos centro de convenio, y la ayuda de José Maroto, Rafa Carrión y Martina Cársenes. El apoyo que recibimos de directores de otros colegios españoles en Hispanoamérica, como Tomás Martínez del colegio de Guatemala. Tenemos un plan de refuerzo escolar para los menores con dificultades. Y un plan de prevención del acoso escolar. Un completo y severo programa de evaluación docente, aquí nos evaluamos todos; los niños evalúan a los profesores y al equipo de gestión; y los padres lo mismo, para que la praxis académica sea cada día mejor. O el plan de protección escolar y de prevención de desastres, acabamos de realizar un simulacro de evacuación para actuar en caso de terremotos y huracanes”. 

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