viernes, 17 de abril de 2020

Flexibilidad, cooperación y organización para estudiar en casa

Ante la situación de emergencia que está viviendo España se ha acentuado la necesidad de colaboración en todos los sectores y ámbitos de la sociedad. Uno de ellos, sin duda, es la educación. Debido a la COVID-19, los alumnos y alumnas se han visto forzados a seguir su educación desde casa y algunos padres y madres a teletrabajar y compaginar sus deberes con los de sus hijos e hijas.

Necesidad de comunicación

Eso ha conllevado que la comunicación entre docentes y familias se haya convertido en una pieza fundamental para la formación de niños y niñas.

Esta situación genera una convivencia escolar, en un ámbito que nunca antes habíamos vivido (la casa, sin maestros, sin horas programadas, sin recreo y… con los padres), lo que obliga a adaptarse, creando nuevas rutinas y estrategias organizativas y formativas, muy diferentes a las que estábamos acostumbrados.

Nadie podía imaginar este escenario y, pasadas algunas semanas y teniendo en cuenta que esta situación se puede alargar, no queda otra que intentar crear un ambiente educacional en casa que permita mantener los contenidos, habilitar nuevos hábitos y rutinas y que ayude a ‘no perder el curso’ y, sobre todo, que sea beneficioso tanto para los más pequeños como para los padres.

Jornada flexible

Dada la situación hay que tener flexibilidad. Es importante establecer una rutina que se cumpla de lunes a viernes, pero deberíamos intentar que no fuese tan rígida como en la escuela. Además, recomendamos que se organice mediante un consenso entre padres e hijos. Recordemos que las decisiones en las que tomamos parte son más propicias a cumplirse.

Para la creación de esta rutina proponemos invertir entre 15 o 20 minutos cada mañana para programar o decidir las tareas a realizar y así organizar el día.

Flexibilidad, cooperación y organización para estudiar en casa

Fomenta que tus hijos e hijas sean tus jefes

Es importante que durante el cuarto de hora que dedicamos al inicio de la mañana a establecer las tareas y objetivos del día, no solo sean los hijos e hijas los que comparten, sino también los padres.

Ellos deben conocer el trabajo que deben acometer durante el día, lo que permitirá visualizar su jornada, actividad y programación. Eso les hará más conscientes de lo importante que son la rutina, la concentración y encontrar un espacio idóneo y permanente.

Así pues, la consecución de las metas consensuadas cada mañana serán o deberán ser acicate para el tiempo libre. No puede existir sin el compromiso de los objetivos cumplidos cada día (un capítulo de lectura de un libro, los ejercicios de un tema, etc.). Y podría servir, para estrechar relaciones, juegos compartidos, además de su tiempo para que ellos decidan en que ocuparlo.

Además, son necesarios unos minutos para la ‘evaluación’. Será el momento para repasar si se han cumplido todos los objetivos y motivar a conseguirlos, felicitar los alcanzados y revisar si las ‘reglas de ese juego’ se han cumplido.

Establecer normas

Son esenciales para la convivencia intensiva que se está viviendo estos días. Al igual que con los estudios, las normas se deben acordar entre toda la familia para ciertos momentos del día: cuando se está trabajando/estudiando, cuando se juega y cuando es tiempo de relax y descanso.

Por otro lado, no debemos olvidar, sobre todo si hay niños y niñas pequeños en la casa, que no han salido a jugar y corretear al aire libre en muchos días. Eso hace que tengan sus baterías cargadas, estén llenos de energía y no se estén quietos. Aquí es importante la paciencia de los padres y la organización de actividades más explosivas como una guerra de almohadones, por ejemplo.

Organizar el espacio

Cuando trabajamos desde casa es complicado establecer barreras entre lo profesional y lo personal. Por ejemplo, es difícil ver la habitación o el salón como un espacio de trabajo, porque no estamos acostumbrados a ello.

Para ayudarnos a cambiar la mentalidad entre el trabajo y la vida personal podemos:

En el caso de tener una habitación libre, podríamos utilizarla a modo de despacho en la que solo estamos allí cuando trabajamos. Lo mismo para los niños y niñas, quienes podrían estar en el mismo espacio sabiendo las normas y el objetivo de estar ahí.

En el caso de no contar con ella, es importante organizar o distinguir el espacio de alguna forma diferente: ahora es lugar de ‘trabajo’, ahora es un espacio de ‘recreo’. Por ejemplo, si estamos en el salón podemos mover la mesa a cualquier otro punto de la habitación cuando estemos trabajando y volverla a poner en el sitio correspondiente cuando acabemos.

Otros consejos

Cada casa y cada familia es un caso diferente y estas consideraciones son unas bases generales desde las que partir en estos tiempos de ‘recogimiento’. Por ello, se pueden adaptar, mejorar y, sobre todo, darles un toque de ingenio, con el propósito de hacer de unos momentos desasosegantes un tiempo para la convivencia, las normas, la cotidianidad y la diversión.

Para fomentar el trabajo autónomo de los niños y niñas (dependiendo de la edad) podemos establecer estrategias para que intenten resolver sus propios problemas. Por ejemplo, podemos enseñarles en media hora cómo buscar en internet información que necesiten, no consultando tan solo una página web sino leyendo varias y creando una respuesta propia.

Del mismo modo, también es posible establecer un tiempo de preguntas en la que nuestros hijos podrán interrumpir nuestro trabajo para preguntarnos dudas. Aquí es importante enseñarles a apuntarse lo que no saben y pasar a otra tarea que sí que puedan continuar haciendo.

También es adecuado aprovechar el conocimiento de los hermanos mayores y crear en casa un aprendizaje multinivel, tal como se suele hacer en la escuela rural. Esto consiste en que alumnos y alumnas de diversas edades están en la misma aula y unos se ayudan y complementan a los otros.

Esperemos que esta situación ayude a ver la importancia de establecer una buena comunicación entre familias y escuela para el desarrollo integral de los niños y niñas que, en definitiva, es el desarrollo integral de todo un país.

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